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Conversatorios de alto rendimiento

Los Conversatorios de alto rendimiento  son espacios de encuentro con íconos olímpicos mexicanos. Representantes de nuestro país en los Juegos Olímpicos, ponen en alto su desempeño profesional, su compromiso con el deporte y su amor a México. Son, ejemplo a seguir para las nuevas generaciones y guía para una sociedad que observa en su trayectoria de perseverancia y responsabilidad un modelo que muestra lo mejor de los mexicanos.

(Original Caption) Children play on a big concrete insignia reading “Mexico 68” with the Olympic circles superimposed. Such decor is common in Olympic Village and elsewhere in Mexico City, site of the 1968 Olympic Games.

En un ambiente informal, una destacada personalidad conversará con un atleta olímpico para conocer aspectos de su vida, de su experiencia profesional, de su forma de entrenamiento y su visión de México y el mundo. Tras la conversación, se invitará al público asistente para que le plantee cuestionamientos de su interés. Se busca que este evento sirva también, en el marco de los 50 años de los Juegos Olímpicos de México 1968, como un pequeño homenaje a nuestra personalidad invitada y a los cientos de personas que, con su trabajo, hicieron posible el lucimiento y promoción de México en el ámbito deportivo mundial hace medio siglo.

El primer conversatorio se realizará este miércoles 25 de abril a las 17:30 hrs, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, sala 5, en el Patio de pasantes,  y será moderado por el periodista Javier Solórzano.

Tendrá como invitado de honor al medallista olímpico Felipe Muñoz Kapamas, mejor conocido como el “Tibio” Muñoz.

Felipe “Tibio” Muñoz.

Semblanza

 

Felipe Muñoz Kapamas, ganó la medalla de oro en 200 metros nado de pecho en los Juegos Olímpicos de México’68.

Nadie como él mismo, estaba convencido de que sería campeón olímpico, y lo sería en México, ante su propia gente.

Días antes del gran momento, dicho ante unos amigos: –”O gano o me ahogo”, vivido en los momentos previos al gran momento, en la final de los 200 metros de nado de pecho, en los inolvidables Juegos de México 68.

Segundos previos a la final, se acerca don Felipe Muñoz al rostro de su hijo, lo toma suavemente por el cuello y le dice, en tono cariñoso: “Hijo, no te preocupes, el haber pasado a la final ya es grandioso. Y agrega: “El lugar que ocupes ahora es secundario; diste una gran satisfacción al pasar como primero en las eliminatorias y hoy la gente viene no a verte ganar, sino a verte dar un buen esfuerzo”…El Tibio escucha pacientemente aquellas palabras.

Apenas terminado, su padre de decirlas cuando, en un vigoroso movimiento, se aparta de él y con gran firmeza en la voz exclama: –”No, papá… ¡Yo voy a ganar!”

Y se va a la piscina. Cuando cruza aquella puerta, el griterío es estremecedor: ¡Mé-xi-co! ¡Mé-xi-co!, ¡Mé-xi-co!…Y con los pies golpea la multitud, rítmicamente, el piso de las colmadas tribunas, exigía a un vencedor.

Un vencedor mexicano, la palabra de Tibio, se cumplió… Y nos dice Felipe Muñoz: “Qué importantes son los recuerdos…porque no son todo dulzura, sino que uno vuelve a vivir, a sentir la hiel del esfuerzo, del sacrificio, del empeño, de la constancia, de la disciplina…de todo eso a que obliga el deporte si uno quiere trascender y que se traduce en una sola palabra: Trabajo…Eso, eso es lo único que necesitamos”.

Y agrega: “Si, trabajo del funcionario, trabajo del entrenador, trabajo del atleta… Mi gran deseo es hacer sentir a niños y jóvenes que como gringos, rusos o alemanes, también tenemos dos brazos, dos piernas, una cabeza e inteligencia…”

 

Fuente: Historias Olímpicas,

Comité Olímpico Mexicano

(http://www.com.org.mx)

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